martes, 29 de septiembre de 2009

Ruta 40


Plena de soledad y belleza, no apta para impacientes y para vehículos en mal estado. Kilómetros y kilómetros de tierra, ripio, cielos, estancias, guanacos, caballos, ñandúes y ovejas que se pierden en el horizonte, matizados por esplendorosos lagos, lagunas y ríos que la atraviesan. Una experiencia para recordar toda la vida.

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